Presidencia Municipal de Jiménez
Hacia el sur de Camargo, a 69 kilómetros por la carretera 45, como un espejismo provocado por la canícula, aparece el caserío de Jiménez, acurrucado entre los brochazos verdes de las alamedas del río Florido. En la segunda mitad del siglo XVII hubo tres intentos por instalar aquí una hacienda. Todos fracasaron ante los ataques constantes de los indios tobosos que inundaban el Bolsón de Mapimí. Para defender la región, en 1753 se construyó el presidio, al que su capitán, Bernardo Antonio Bustamante y Tagle, bautizó como Santa María de las Caldas de Guajoquilla. El nombre fue por la similitud de las aguas termales que había tanto aquí como en su tierra, Santander y, desde luego, por la Virgen que allá se veneraba.
Frente a la digna plaza principal se localizan dos importantes monumentos: la Presidencia Municipal y la magnífica iglesia del Santo Cristo de Burgos, cuya torre se concluyó a principios del siglo XIX. Cuando el presidio se mudó, los pobladores permanecieron en las vegas del río Florido, trabajando y levantando la comunidad que en honor a José Mariano Jiménez, tomaría por nombre el apellido del insurgente en 1826, y que alcanzaría el rango de ciudad en 1898.